LA ROSA MÍSTICA: La terapia meditativa y mi experiencia personal

LA ROSA MÍSTICA: La terapia meditativa y mi experiencia personal

 

«La rosa mística» es una de las terapias meditativas de Osho, junto con «No-Mente» y «Nacer de nuevo».

Las terapias meditativas son procesos grupales muy dinámicos en los que se expresa la energía vital de distintas maneras liberando así la energía reprimida. Es por eso que se llaman terapias ya que tienen un efecto terapéutico y a la vez no existe ningún terapeuta interactuando contigo. Se trata de un proceso individual en este sentido. Y se llaman meditativas porque nos llevan a experimentar la meditación.

En el caso de la Rosa Mística, las risas, las lágrimas y el silencio hacen su trabajo sin necesidad de palabras, discusión o análisis como es típico en las terapias convencionales. Tu simplemente participa con totalidad y sinceridad y lo que sea que suceda ocurrirá por sí mismo.

 

La rosa mística es un proceso  grupal de 21 días de duración (3 semanas), bien intenso y transformador, y se practica durante 3 horas cada día.

 

PRIMERA PARTE: LA RISA

Durante los primeros siete días ríe sin ningún motivo durante 3 horas seguidas cada día. Descubre ese lugar en tu vientre donde la risa surge. La risa es una gran medicina. Es una terapia tremendamente poderosa. Si puedes reírte de tu propio inconsciente, el inconsciente pierde su fuerza. En tu propia risa la culpabilidad y las heridas desaparecen. Cuando la risa empiece a apagarse haz Gibberish (emite sonidos sin ningún sentido) o usa el mantra YAA-JÚ.

 

SEGUNDA PARTE: EL LLANTO

Durante los siguientes siete días deja que fluyan tus lágrimas durante 3 horas seguidas cada día. El llanto necesita que seas consciente, te interiorices y te aflojes. Permitete a ti mism@ llorar profundamente. Si te sientes estancad@ haz Gibberish o usa el mantra YAA-BÚ.

 

TERCERA PARTE: EL OBSERVADOR

Durante la última semana siéntate en silencio, relajad@, confortable durante 3 horas seguidas cada día. Ojos cerrados. Inhala y exhala. Observa todo lo que va sucediendo dentro. Sintoniza con los sonidos a tu alrededor. Trae tu presencia a este instante, a tu respiración en la barriguita y a las sensaciones del cuerpo. Deja ir cualquier idea de cómo esto debería ser y relájate. Respira. Siente. Acoge con una amorosa mirada cualquier cosa que este sucediendo, sea lo que sea. Conviértete en el observador.

 

Osho decía que cuando una experiencia cualquiera no se vive plenamente deja un residuo dentro de nosotros que permanece en el inconsciente bloqueando nuestra capacidad natural para expresar todo nuestro potencial.

Cuando permitimos que toda nuestra risa no reida, lagrimas no lloradas y nuestro silencio no vivido sean experimentados, podemos dejar que todo lo que esta en el inconsciente fluya libremente, sea vivido ahora y quede resuelto para siempre.

Las lagrimas sacan toda la agonía oculta en tu interior y la risa extrae todo lo que impide tu éxtasis. Así la rosa mística equivale a una profunda limpieza de corazón.

Tu sólo participa con sinceridad del proceso, el resto sucede por sí mismo.

 

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Una islita de Grecia y un mes de agosto fueros los testigos de mi primera experiencia de 21 días con la Rosa Mística. Un impulso muy interno y muy claro me llevaron a elegir este proceso. Lo bendigo cada día de mi vida. Capas y capas de vivencias acumuladas se iban desplegando ante mi. Recuerdos de todos los años de mi vida volvían para ser re-vividos a través de la risa y el llanto. Me era difícil creer que tantas cosas estuvieran acumuladas en mi. Siete días durante 3 horas seguidas al día dan para mucho. Al principio me notaba más exteriorizada y más pendiente de reír teniendo muy presente el grupo. Pero luego poco a poco me interioricé y surgieron todo tipo de risas, risas histéricas, risas divertidas, risas forzadas, risas de esas que te hacen doler todo el cuerpo, risas de locura, risas infantiles, risas sarcásticas, risas, risas y risas …

En esta primera semana la Meditación Dinámica matinal era opcional. Yo la hice casi a diario. Aún no había entrado en la escucha profunda de mis necesidades. Y elegía desde la mente. El ansia de perfección me llevaba a poder con todo.

Tras la comida, a la hora de más sol, caminaba en silencio hasta el mar, donde el agua, el sol, la tierra y el aire se conjugaban para  acariciarme, limpiarme, nutrirme, sostenerme y ofrecerme un espacio de renovación diario.

La Meditación Kundalini y el Evening Meeting eran parte importante del proceso en la Rosa Mística y participé a diario durante los 21 días.

La cabañita me esperaba en las noches para ser testigo de mis sueños y descanso.

La segunda semana empezó. El llanto. Así como siempre me ha sido fácil reír me daba mucho respeto el llanto. ¿Tendría tantas lágrimas para llorar durante tanto tiempo tantos días? Esa era mi duda. Y siiiii tuve lágrimas. Lágrimas para gemir, para llorar como una niña/mujer enfadada, consentida, triste, desesperada, culpable, exigente, …. Recuerdo lo liberador que fue saber que por más que llorara nadie vendría a consolarme o a decirme que no pasaba nada para que mi llanto terminara. Tenia libertad total. Mi ser se sentía libre.

Durante esta semana dejé de ir a la Meditación Dinámica en la mañana. Pues todas mis fuerzas estaban reservadas para la Rosa Mística. Muchos momentos del día me sumergía en el silencio. Y la naturaleza seguía ofreciendo sus regalos mientras yo traspasaba capas y capas de tristeza y de dolor.

La tercera semana llegó con el silencio. Ya llevaba días vislumbrándolo. Ahora se hacia presente. El silencio combinado con el baile celebrativo me llevaban a un lugar muy profundo y desconocido en mi experiencia. Presencia se llama. Pensamientos, percepciones, sensaciones, respiración, latidos del corazón, ganas de toser, impulso de caminar, … todo, todo era acogido.

 

Al marchar de la isla cosa que hice tomándome mi tiempo, recuerdo la sensaciones de tener el diafragma mullidito como nunca, el corazón suave y el alma silenciosa.

Gracias, gracias y gracias !!!! Es tan bella la fragancia de la Rosa Mística !!!

Con Amor,

Rous

 

Fotografía: Jessica Lewis